LOS CONTRATIEMPOS DE LA MIRADA

De modo solapado y celular mediante, Alejandra Mastro toma fotos de personas, probablemente parejas, que comparten la mesa de un café o de un restaurante. Más que ver a quienes fotografía, los mira. A diferencia de la pura visión, en la mirada interviene el deseo, que edita lo visto según una perspectiva capaz de convertir la escena en imagen. La obra señala un punto de ausencia o insinúa un otro lado o un más allá de lo que aparece: instala la inquietud de un excedente no mostrado.

 

Lo que resulta amenazante no es el tedio de la rutina –que aparece mostrado‒, sino el juego desplazado de las miradas que no consiguen cruzarse. Ni entre la artista y las personas a quienes espía, ni entre los ocasionales retratados (ensimismados o bien concentrados en sus propios celulares). No puede, así, levantarse una escena, pues cada personaje está actuando en otra, que no aparece. Este es el quebranto de la representación, la razón de la angustia: la imposibilidad de que se consume todo encuentro entre quien mira y quienes son mirados. Un video refuerza la narrativa mostrando en loop velas de tortas conmemorativas (¿de cumpleaños? ¿de bodas?), cuyas breves llamas tratan de ser apagadas por soplidos denodados. Pero esta acción tampoco se cumple: en cada ocasión de renovar las fechas, el ritual paraliza el tiempo de los aniversarios. La fotografía roba un instante incompleto, el video reitera el suceso imposible. En ningún caso puede el acontecimiento ser clausurado.

 

Ticio Escobar

Junio, 2014.