El revés del Panóptico

 Serie de cuarenta imágenes de los dos hospitales psiquiátricos, el de
 Guatemala y el de Asunción, videos de entrevistas a los enfermos,
 instantáneas de los pacientes, profesionales de la institución y
familiares  (Asunción) y video más pieza única (Serie de veinte
 fotografías pequeño formato) "Las Tablas de Moisés" .


 Lo enunciado es el  resultado de un proceso que inicié en 2003 con
visitas permanentes al Hospital Psiquiátrico Federico Mora, en
Guatemala, adonde llegué en búsqueda de una imagen de las seis caras
>de un dado, para la pieza "¿Quién manda el juego?".


El hospital está en las afueras de la ciudad y linda con el
preventivo. A cada visita, tenía que parar el auto en la garita,
entregar mi documento de identidad, registrarme, y luego recién podía
ingresar al estacionamiento. Allí me esperaba Alejandro de León,
psiquiatra, y quien fuera mi guía y consejero a través de los años.

 

En el año 2005 frecuenté, de su mano, la consulta externa de la
institución, como parte del cuerpo de obra que conformaría la serie
"Prisión o refugio", exhibida en ArtexArte, Buenos Aires, en el año
2006. En ese hospital el contacto con los pacientes fue siempre a
través de terceros; nunca estuve ni me dejaron sola.


En la referida serie, el enfermo fue el protagonista principal. Una
vez concluída esta etapa, desvié mi atención del enfermo a la
enfermedad y, como resultado de este vuelco, di forma a una pieza
única: "Análisis de la locura".


Transcurrieron ocho años hasta que decidí regresar y retomar el
proyecto en el Hospital de Guatemala. Cuando lo hice, en el año 2016, mi mirada era diferente. Este proceso se dio por etapas,
como descorriendo los velos que cubren la nada, pero que rasgan,
arañan esa realidad que se deja ver siempre en forma espectral.
No sentía la necesidad de mostrar casi al desnudo lo que detectaba a
través de la cámara, sino y más bien quería concentrarme en la
enfermedad, en la ausencia, en la falta, en esos ojos que me miraban

desde sus órbitas vacías; porque ¿qué hace la locura sino mezclar lo
preciso con lo impreciso, sacarte
de la vida de a poco, ponerte de espaldas , borrarte a los ojos del
otro, llevarte a otro lado, éste, ése, aquél?...¿ otro?...


En junio de 2017 inicié la investigación en el hospital Psiquiátrico
de Asunción, Paraguay.

La idea era crear una estructura especular entre las dos instituciones.

Cuando llegué por primera vez al Hospital  de Asunción, trayendo
conmigo la experiencia vivida en Guatemala y acompañada por una
psiquiatra que había trabajado allí por unos años, anteriormente, paré
el auto a la entrada para entregar mi documento de identidad y oí:

"¿Qué  hacés?, acá se entra y se sale sin problemas. Hasta
ciertos pacientes salen del hospital y deambulan por sus alrededores".
 

Y era cierto, aquí el contacto con los enfermos es directo, no a
través de un profesional. Estoy sola, camino sola, pocos espacios me
 están restringidos.

Veo un ir y venir, veo desdoblarse a la persona en un viaje de ida y
vuelta, en vaivenes casi constantes, que marean.

Y es cuando mi proyecto se desvía de su curso a causa de las
circunstancias. Los enfermos comienzan a establecer una empatía
conmigo, me preguntan si soy periodista, quieren darme su testimonio.

Yo sigo retratando la ausencia, tratando de encontrar en lo sórdido algo
más que eso, lo sórdido.

Me  piden también que les tome fotos, solicito la autorización, me la
otorgan. Me preguntan cuánto cuestan, respondo nada, que es un
regalo, allí aumentan el número de copias solicitadas, con mi mamá, la
Licenciada, el Dr., la enfermera, mis hermanos, mis amigos..... El
verse retratados les devuelve un poco de la identidad perdida. Unos
las cuelgan en la pared de sus cuartos, otros fabrican con los que
pueden y/o tienen a mano un álbum. Hay quienes como Anastasio, las
recibe y las dobla en pedacitos, pero las conserva en sus bolsillos...

Visito el atelier de arte, les compro sus obras. Alguien me
pide que  lo retrate con la suya, la pone adelante de su rostro; encuentro
el gesto por demás atinado.

Pero de todas formas la  enfermedad deambula permanentemente, entra y
sale del lente de mi cámara, mi coraza, habla aún en silencio, ese
terror tranquilo.
Y entonces escribo: "Hago un esfuerzo por mirar, para que la psicosis
no borre a esos seres humanos de los ojos del otro, en este caso, mis
ojos. Veo cómo y sin piedad, la enfermedad transfigura sus rostros,
aniquila el discurso. Pero veo también como, por momentos, esos mismos
rostros recuperan el semblante perdido, una cierta y aparente
tranquilidad y un pseudo equilibrio por lo menos temporal.

Es un baño constante de sin sentido, es tratar de abrir el famoso
agujero negro para dejar colar por ahí la mirada, esa mirada que nos
habla de ausencias...

Kairos es el tiempo favorable, el momento justo, por ejemplo, para
cazar una imagen. En Cartier Bresson era cazar el instante fugitivo,
en estas imágenes en cambio el Kairos es el tiempo permanente, el que
se detiene en el Chronos e invita a entrar en él.

La mía no es una curiosidad distante. Es el testimonio del vacío al
que sin piedad te empuja la locura.


                                                                                   Alejandra Mastro