EL ORIGEN DEL MUNDO


 

Siempre he machacado sobre la idea que sólo un creador visual –algo extensible a cualquier manifestación- es digno de tal apelativo cuando no importando el medio utilizado (o mejor, importando con determinada relatividad), tiene la capacidad de urdir proyectos cuya relación entre sí no se asienta en directrices formales preestablecidas u obsesiones temáticas donde la recurrencia –al contrario de lo


 

que casi todo el mundo cree- produce un agotamiento (aburrimiento podría ser un sinónimo perfecto en estos casos) del motivo discursivo.  El talento para desarrollar una idea mediante el abordaje de una manifestación que refrende la primera en esencia y no en apariencia es virtud de pocos, y Alejandra Mastro se encuentra entre éstos.



 

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